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Casi 50 años antes de que Elon Musk mandara un convertible al espacio, las agencias espaciales ya habían enviado vehículos a la Luna y a Marte.

 Después de varias pruebas fallidas –y hasta fatales– de mandar un hombre a la Luna, la  URSS decidió enfocar sus esfuerzos en otros programas espaciales. Entre ellos estaba la idea de enviar al satélite un vehículo no tripulado, comúnmente llamado rover. Lo intentaron con el Lunokhod (literalmente “caminante lunar” en ruso), pero aquella misión estalló segundos después de despegar. El segundo intento sí fue un éxito: el 17 de noviembre de 1970, la sonda Luna 17 hizo un alunizaje perfecto y de sus entrañas salió el Lunokhod 1.

Era un vehículo de 756 kg que se movía sobre ocho ruedas hechas con cable de metal y que tenía cuatro cámaras de televisión montadas en sus esquinas. Durante el día andaba impulsado por la luz del sol y en la noche encendía una unidad de calor de radioisótopos (que funcionaba con polonio-210) y se preparaba para no congelarse. El centro de control quedaba en Simferópol, en Crimea, donde equipos de cinco técnicos se turnaban para controlar el rover desde la distancia: un conductor, un comandante, un navegador, un ingeniero y un radioperador.

Para 1970, esto era como estar en un videojuego con imágenes de pésima calidad: el conductor se guiaba con imágenes que se actualizaban cada 20 segundos, debía recordar detalles para maniobrar con seguridad y dependía de las sombras para adivinar el relieve de la superficie lunar. El objeto de fascinación para los geólogos y astrónomos que observaban todo el proceso eran las rocas; tanto que les pedían a los equipos de control que pararan para detallar cada roca lunar; todo se acabó cuando el jefe de misión, Georgiy Babakin, le dijo a uno de los científicos: “¡Es el Lunokhod, no el Lunostop!”.

El primer rover de la historia envió más de 20.000 imágenes e hizo 500 pruebas sobre la superficie lunar con múltiples instrumentos durante 322 días terrestres, hasta que su misión terminó. No se supo nada de él durante  cuarenta años, hasta que en el 2010 la NASA lo ubicó en sus imágenes como un punto blanco en la superficie lunar.

Ese día, el Lunokhod revivió como uno de los primeros héroes de la exploración espacial. 

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